martes, 19 de marzo de 2019

EL AMOR


➹Deseosos de ser plenos, los hombres ahora partidos se abrazaban a su otra mitad uniéndose a ella, y desde entonces, los seres humanos buscamos desde nuestro nacimiento a nuestra otra mitad➴

En el relato, cuenta Aristófanes que en un principio, los sexos de los seres humanos no eran dos, como hoy en día, sino tres: masculino, femenino y andrógino (compuesto de los dos primeros sexos). Todos los seres humanos tenían una forma circular, con dos caras opuestas, cuatro brazos, cuatro piernas y dos sexos.
Descendían los cuerpos masculinos del Sol, los femeninos de la Tierra y los andróginos de la Luna.
De estos principios recibieron su forma y su manera de moverse. Los cuerpos, que eran robustos, vigorosos y de corazón valiente, tenían la capacidad de escalar el cielo y desafiar a los dioses. Zeus, al sentirse amenazado examinó con los dioses la forma de debilitarlos haciéndolos circunspectos. Pero los seres, celosos de la decisión del dios, planearon una conspiración para derrotar a Zeus, por lo que éste decidió castigarlos y partirlos por la mitad. Ordenó al Apolo, dios de las Bellas Artes que girara sus rostros en dirección al corte (a modos de dificultarles encontrarse con su mitad correspondiente) y además hacerles un agujero en medio del vientre (que ahora llamamos ombligo) para que recordaran su castigo y no volvieran a pecar.
Así partidos y temerosos de vivir separados, buscaban abrazarse a su mitad para unirse de nuevo, pero ante el fracaso de unirse con su mitad correspondiente, la raza se fue extinguiendo. Para evitar esta desgracia, Zeus decidió que se les giraran los órganos sexuales, de modo que, al encontrarse se reprodujeran si los sexos eran opuestos y si eran sexos iguales, disfrutaran del placer de esta unión. Así, vivos y menos asustados de morir en soledad, los seres podrían volver a sus tareas. Deseosos de ser plenos, los hombres ahora partidos se abrazaban a su otra mitad uniéndose a ella, y desde entonces, los seres humanos buscamos desde nuestro nacimiento a nuestra otra mitad.
De este modo, Aristófanes explica que el amor no solo es un deseo nato y sanador de nuestra naturaleza partida, que intenta restaurarse en la unión con el otro. El modo en que expresa esta naturaleza fue escrito de una forma absolutamente hermosa: Por tanto, cada uno de nosotros es un símbolo de hombre. Cada sexo tiene una parte, algo del otro, contrarios u opuestos, lo que permite la búsqueda, el deseo y la unión de ambos. De ahí que la palabra símbolo tiene su origen en una antigua práctica consistente en partir un pedazo de un objeto del cual portaban mitades las dos personas que querían establecer un vínculo. Es decir que cada uno de nosotros es no un ser  completo, sino tan sólo un símbolo, una mitad que ha sido separada de su contraparte.
De hecho, también de este discurso deriva el Mito de la Mitad Perdida, que explica por qué algunas personas están convencidas de que en algún lugar de el mundo se encuentra “su otra mitad”.
Explica también de este modo la presencia de todas las orientaciones sexo afectivas. Pero sobre todo explica la naturaleza del amor como una búsqueda de plenitud:

➳Amor es, en consecuencia, el nombre para el deseo

y la persecución de esa integridad

El discurso de Aristófanes, prescinde de la presencia del amor en el resto de la naturaleza y se ciñe al amor erótico, al exclusivo aspecto del deseo de unión con otro. Pedro lo define como el origen de todo y para Erixímaco es una fuerza física presente en todos los elementos de la naturaleza, pero Aristófanes descarta esta idea de omnipresencia e independencia de la energía del amor y la reduce al deseo de unión física de unos humanos con otros. Es decir, aunque suene muy romántico, le quita todo el peso metafísico a la teoría del amor y lo propone como un impulso inherente a la naturaleza humana; es decir, hombres y mujeres, sin importar nuestra naturaleza, respondemos al estímulo erótico del amor.
Aunque el estilo de Aristófanes es cómico y de pronto hasta satírico, no cabe duda que hay una enorme belleza en la forma en la que describe el origen de los seres humanos y cómo surgió el deseo sexual y el amor a partir de la creación. Además realiza observaciones bastante acertadas que nos permiten entender por qué después de todo no nos unimos (aunque sea momentáneamente) con cualquiera y pone en perspectiva las razones por las que seguimos nuestro instinto y decidimos unirnos a quien nos parece especial o que sobresale del resto. Además, apela por el entendimiento de esta necesidad de amar, de abrazarse y de fundirse como impulsos ajenos a una visión lasciva, o meramente impulsiva y la vuelca hacia una idea de trascendencia humana. Y aunque la inteligencia emocional no esté de acuerdo, hay que admitir que
querer ser pleno aún sabiéndose incompleto, es una de las perspectivas más hermosas que existen sobre el amor.